Brecha digital y licencia social para operar

Written by Florencia Bailin

julio 2, 2026

Tu empresa ya cumple con los permisos ambientales. Ya tiene un área de sostenibilidad activa y un presupuesto asignado para programas comunitarios. Y aun así, cada cierto tiempo, vuelve la misma pregunta desde el directorio: ¿esto realmente nos está dando algo a cambio?

Esa pregunta no es menor. Cumplir la ley nunca fue suficiente para operar con tranquilidad en un territorio. Hoy, además, las comunidades esperan algo más concreto que informes de impacto: quieren participar de las oportunidades que trae la tecnología. Y ahí es donde la brecha digital deja de ser un tema de conectividad y se convierte en un tema de licencia social.

 

Qué está pasando con la brecha digital en Chile

Durante años, el problema fue el acceso. Hoy el país llegó a una cobertura de internet prácticamente universal, con más del 96% de los hogares conectados. Sin embargo, un informe reciente de Fundación País Digital reveló que solo el 22,9% de la población declara tener habilidades digitales avanzadas, como programar o usar herramientas tecnológicas complejas.

El mismo estudio mostró que el 73,7% de los chilenos tiene habilidades básicas de uso de internet, pero apenas el 51,9% alcanza un nivel intermedio, el que incluye planillas de cálculo o procesadores de texto. La brecha se agudiza según el nivel socioeconómico: en los segmentos más vulnerables, la diferencia entre habilidades comunicacionales y habilidades productivas llega a 43 puntos porcentuales. En otras palabras, se conectaron, pero no se les dio la formación para aprovechar esa conexión.

Este dato cambia el enfoque de cualquier programa de impacto social corporativo. Ya no basta con entregar equipos, becas o charlas de sensibilización. El problema real está en la falta de formación técnica estructurada, y ahí es donde una empresa puede aportar algo que la comunidad valore de verdad.

 

Por qué la brecha digital se volvió un tema de licencia social

La licencia social para operar es el consentimiento que una comunidad le da a una empresa para funcionar en su territorio, más allá de los permisos legales. Se construye con hechos, no con declaraciones de intenciones, y se puede perder incluso cuando todo el papeleo está en regla.

Durante mucho tiempo, esa licencia se ganó con infraestructura básica: caminos, postas, sedes sociales. Hoy las comunidades esperan algo distinto. Quieren empleabilidad real, y la empleabilidad real depende de habilidades técnicas que la mayoría de los programas sociales tradicionales no está entregando.

Una empresa que financia formación tecnológica seria no solo cumple con su presupuesto de sostenibilidad. Está resolviendo, en su propio territorio de influencia, uno de los factores que la investigación identifica como determinantes del salto hacia habilidades digitales productivas: el nivel educativo técnico de las personas. Eso convierte al programa en algo defendible ante el directorio y valorado por la comunidad al mismo tiempo.

 

La licencia social para operar es el consentimiento que una comunidad le da a una empresa para funcionar en su territorio, más allá de los permisos legales. Se construye con hechos, no con declaraciones de intenciones, y se puede perder incluso cuando todo el papeleo está en regla. 

 

El rol de la formación técnica intensiva

No cualquier programa cierra esta brecha. La formación general en tecnología, sin estructura ni seguimiento, tiende a perder a los estudiantes antes de que terminen. El factor que marca la diferencia es la intensidad: programas con selección rigurosa, acompañamiento personalizado y monitoreo constante de resultados.

En Skillnest, la completitud promedio de los programas de impacto social alcanza el 74%, un número alto si se considera que el público objetivo son personas de escasos recursos o con pocos estudios previos. Los programas tipo Flashcamp llegan a un 83% de finalización, y los que incluyen seguimiento de empleabilidad muestran resultados de hasta 85% en años recientes. Estos números no se explican solo por el contenido del programa, sino por el modelo de ejecución detrás.

Ese modelo parte con un proceso de admisión que nivela a la cohorte antes de la primera clase, sigue con un equipo de acompañamiento estudiantil que interviene ante señales tempranas de deserción, y cierra con un equipo de empleabilidad que conecta la formación con herramientas para la inserción laboral. Es la combinación de estos tres elementos, y no uno solo, lo que sostiene la finalización y el resultado final para la empresa que lo financia.

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Cómo se traduce en resultados que el directorio puede ver

Un programa de impacto social bien ejecutado entrega algo más que una buena historia para el reporte de sostenibilidad. Entrega indicadores: tasa de finalización, empleabilidad de los egresados, satisfacción de la comunidad y del equipo interno que lo gestionó.

Con más de 237 programas ejecutados en nueve países de América Latina y cerca de 7.100 personas formadas, tenemos evidencia suficiente para saber qué funciona y qué no. Empresas como Banco de Chile, Anglo American y BHP Escondida ya han usado estos programas para cerrar brechas técnicas en sus comunidades de influencia, con datos que después pueden presentar internamente sin necesidad de maquillar el resultado.

Esa es, en el fondo, la diferencia entre un programa que solo se ve bien en el papel y uno que efectivamente construye licencia social: la posibilidad de mostrar, con números, que la inversión tuvo un efecto real en las personas y en la relación de la empresa con su territorio.

Conoce cómo podemos ayudarte a ejecutar este tipo de programas

Si tu empresa está evaluando cómo invertir su presupuesto de impacto social este año, o necesita reforzar su licencia social con resultados medibles y no solo con intenciones, hablemos. En Skillnest diseñamos e implementamos programas de formación tecnológica intensiva para comunidades, con un modelo de ejecución probado en más de 237 programas y una implementación que puede estar lista en aproximadamente cuatro semanas.

Conoce nuestros programas de impacto social para empresas y evalúa junto a nuestro equipo qué formato se ajusta mejor a tu presupuesto, tu territorio y tus objetivos de este año.

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