¡Hola, queridos techies!👋
Empezamos la semana con una historia tan insólita que parece un sketch de tragicomedia de un programa de TV. Pero no: pasó de verdad, y en Argentina. En la provincia de Chubut, un juez usó inteligencia artificial para redactar parte de una sentencia penal… y lo descubrieron por una frase que ningún humano con criterio jurídico (ni vergüenza profesional) habría dejado pasar: “Aquí tienes el punto IV reeditado, sin citas y listo para copiar y pegar.”
Sí, lo escribió tal cual. En una condena. Por robo. Con su firma. 🤦♀️
La Cámara Penal de Esquel revisó el texto, leyó esa joyita y anuló de inmediato la sentencia y todo el juicio. ¿El motivo? El magistrado, Carlos Rogelio Richeri, básicamente tercerizó su función en ChatGPT sin avisar. El tribunal consideró que eso violaba principios esenciales como la transparencia, la trazabilidad y el tan mencionado “control humano obligatorio”. En otras palabras: la Justicia no puede dictar sentencias escritas por bots, aunque usen un tono cordial y hasta citen fuentes (inventadas o no) 🙄
El caso rebotó en todos los medios y ya se lo cataloga como un precedente histórico. No es la primera vez que la IA mete ruido en el ámbito judicial, pero sí la primera en la que un juez termina investigado por usarla de forma tan… literal😂 Los camaristas ordenaron rehacer el juicio con otro juez, enviar el caso al Superior Tribunal de Justicia e incluso advirtieron que se pudieron haber filtrado datos personales al cargar el expediente en el sistema de IA.
Así que sí: el fallo falló.
🤔Este episodio abrió un debate profundo y necesario: ¿hasta dónde dejamos que la inteligencia artificial nos ayude antes de que empiece a decidir por nosotros? Como remarcaron los especialistas, el problema no fue la tecnología en sí, sino la falta de criterio humano. La IA puede asistir, resumir o redactar, pero no reemplaza la capacidad de razonar, de interpretar o de asumir responsabilidad por una decisión.
Lo paradójico es que, mientras muchos tribunales del mundo elaboran guías éticas para usar IA de forma responsable, en Chubut todo se derrumbó por una simple línea olvidada. Si algo enseña este caso es que, en el afán por automatizarlo todo, a veces se nos olvida lo básico: pensar 🧠
Así que, si tu jefe te pregunta por tus tareas esta semana, asegúrate de que no empiecen con esa frase. Ya sabes cuál: “Aquí tienes el punto IV reeditado, sin citas y listo para copiar y pegar.”
Nos leemos en la próxima edición (sin prompts comprometidos ni alucinaciones algorítmicas, lo prometemos).
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¡Hasta la próxima!
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