Esta semana mi cuenta de Instagram estuvo inundada de robots corriendo y cayéndose, porque resulta que en Pekín decidieron que 12.000 humanos no eran suficientes para una media maratón y metieron a un centenar de robots humanoides a competir. ¿Resultado? Una mezcla rara de fascinación por el futuro y un poco de cringe. Esperemos que la cinta adhesiva nunca se acabe 🙏
El gran protagonista fue «Lightning» (o «Shandian» para los puristas), un robot de la marca Honor que corre con la elegancia de un atleta olímpico y la sangre fría de un procesador con refrigeración líquida. Completó los 21 kilómetros en solo 50 minutos y 26 segundos 🔥 Para que te hagas una idea de la magnitud de la humillación, el récord mundial humano de Jacob Kiplimo es de 57:20. Así que una máquina nos sacó 7 minutos de ventaja sin sudar una gota, básicamente porque en lugar de glándulas sudoríparas tiene un sistema térmico heredado de los mejores smartphones del mercado 😎
🦿Los ingenieros de Honor diseñaron al modelo ganador con piernas de aproximadamente 95 centímetros, imitando la estructura ósea de los corredores de larga distancia más eficientes del mundo. Esta configuración permite una longitud de zancada que, combinada con una frecuencia de pasos elevada, resulta en una velocidad media de aproximadamente 25.1 km/h, superando los 22.1 km/h promedio del récord mundial humano. Impresionante.
Pero como en todo buen evento tecnológico, no todo fue gloria 😅 Si bien el ganador llegó a la meta tras tropezar a pocos metros y necesitar que un equipo de humanos lo levantara (un gesto casi poético de dependencia), otros no tuvieron tanta suerte. Tuvimos al pobre «Xuanfeng Xiaozi«, que en plena carrera decidió que su cabeza era opcional y la perdió tras un impacto frontal. ¿La solución de los ingenieros? Pegarla con cinta adhesiva y seguir adelante como si nada hubiera pasado 😂
👉Hubo caídas para todos los gustos: desde robots que duraron exactamente 3 segundos en pie hasta uno que, tras tropezar en la salida, decidió despedirse con una pequeña explosión para darle drama al asunto. Al final, entre paradas en boxes para cambiar baterías y robots que corrían con zapatillas atornilladas porque no tienen dedos, la carrera fue el recordatorio perfecto de que el futuro es brillante, pero también un poco torpe.
Así que ya tienes tema para la oficina el lunes: las máquinas ya corren más que nosotros, pero todavía necesitan que alguien les recoja las piezas cuando se tropiezan 💥
¡Hasta la próxima!
Skillnest.
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